domingo, 13 de marzo de 2011

La masonería en la Revolución de Independencia

Comparto con todos este artículo que escribí sobre la masonería en la Independencia de México. Espero les agrade y sirva.
La fuente bibliográfica es:
Cobos Alfaro, Felipe Amalio, "La masonería en la Revolución de Independencia" en 1810,1910: Reflexiones sobre dos procesos históricos. Memoria, Cristina Gómez Álvarez, Josefina Mac Gregor Gárate, Mariana Ozuna Castañeda (coordinadoras) México, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, 2010, pp. 63-91
Originalmente, este artículo fue presentado como ponencia en el coloquio "Los centenarios: Análisis y reflexión de dos procesos históricos de México" el 6 de Octubre de 2008 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, sobre el que se publicaron las memorias arriba referidas.
Saludos,
Felipe Cobos

LA MASONERÍA EN LA REVOLUCIÓN DE INDEPENDENCIA

El mito de la omnipresencia masónica
En la historiografía sobre la masonería predominan tanto partidarios como opositores; unos y otros han exagerado la influencia de ella en los distintos procesos históricos, mitificando su actuación. Esta tendencia enfatiza en la militancia masónica del personaje histórico, haciendo de ella y de la masonería el vector de un proceso histórico que en realidad es mucho más complejo y multifactorial, es decir, el agente del cambio político y social. En el caso que nos compete, la Independencia, la historiografía masónica presume la militancia masónica de los llamados héroes de la Independencia como Teresa de Mier, Mina, Iturbide, Guerrero, Guadalupe Victoria, Nicolás Bravo, entre otros, la mayoría de los cuales se iniciarán en la masonería durante la etapa trigarante de la guerra o consumada la Independencia; así como la de Hidalgo, Allende, Primo de Verdad y Miguel Domínguez, de los que es imposible comprobar su pertenecía a esta sociedad. [1]

José María Mateos, fundador del Rito Nacional Mexicano, en su Historia de la masonería en México, fue el primero en enfatizar que la masonería: “fue el foco adonde comenzó a organizarse la idea de hacer la Independencia de México, supuesto que las personas que las formaban, todas tomaron una parte activa en promoverla, cuando los acontecimientos de España dieron lugar a ello.” En este sentido, también fue el primero en hablar de una logia (yo agregaría presunt[2] a) que trabajaba en la casa del regidor del Ayuntamiento de la Ciudad de México Manuel de Cuevas Moreno de Monroy Guerrero y Luyando, en la calle de las Ratas (actual Bolívar), fundada en 1806 por Enrique Muñí, y a la que pertenecían entre otros, algunos miembros del Ayuntamiento como el Marqués de Uluapa y Francisco Primo de Verdad, así como Miguel Domínguez, corregidor de Querétaro. El mismo autor refiere que ahí fueron iniciados Hidalgo y Allende, entre otros líderes insurgentes. [3]

Sin embargo, la idea de la omnipresencia masónica no se originó en la masonería, sino en aquellos espacios donde era percibida como un adversario del orden instituido. El Abate Agustín de Barruel en sus Memorias para servir a la Historia del Jacobismo traducidas español en 1812 [4] dice que la Revolución Francesa fue una conspiración de los masones franceses, los illuminati de Bavaria, los sofistas y los enciclopedistas ilustrados. [5] Por otra parte, desde la primera mitad del siglo XVIII la Iglesia había condenado a la masonería a través de la Constitución apostólica In Eminenti del Papa Clemente XII, promulgada en 1738 y ratificada en 1751 con la Bula Providas del Papa Benedicto XIV. La Iglesia reconoció en la masonería un poder autónomo de su hegemonía, mismo que desconocía por su secretismo, y del que naturalmente desconfiaba. De la misma manera, la jurisdicción española establecía que cualquier grupo no autorizado era ilícito (más aun siendo secreto), por considerársele potencialmente subversivo, un peligro para el orden social y para el Estado. [6] En el mismo sentido, las teorías de la conspiración atribuyeron a las sociedades secretas como la masonería y a ordenes religiosas como los jesuitas la insurgencia hispanoamericana. Precisamente, en septiembre de 1810, al condenar y censurar la Carta dirigida a los Españoles Americanos del jesuita peruano Juan Pablo Viscardo (publicada en 1801), Fray Luis Carrasco y Fray José Bárcena, calificadores del Santo Oficio de la Nueva España, escribieron: “[Los jesuitas] que unidos a los francmasones, que traen su origen en los templarios, intentan todavía el desagravio de la Extinción.” [7]

Como se ha mencionado, después de la Revolución Francesa se asociaría a la masonería con la Francia revolucionaría y con el expansionismo napoleónico, sin embargo, como refiere Christopher Domínguez: “la francmasonería fue otra de las instituciones del Antiguo Régimen transformadas y amenazadas tras La Bastilla.” [8] En lo que respecta a nuestra independencia, algunas publicaciones de la época exhibirán esta supuesta relación como el panfleto Desengaños que a los insurgentes de Nueva España seducidos por los francmasones agentes de Napoleón... de Fernández de San Salvador (publicado en 1812). [9] Asimismo, desde esa época se difundirá el relato del encuentro entre Hidalgo y Octavio d’Alvimar, presunto general francés agente de Napoleón, previo al Grito de Dolores. [10] Según el canónigo Beristain, Hidalgo se reunió y alojó en su casa a d’Alvimar, durante su paso por Dolores. Esta idea será retomada por el sensacionalista ultramontano Salvador Borrego, quien infiere que d’Alvimar además era un agente de lo que el considera el judaísmo-masónico internacional, y que le aconsejó a Hidalgo que se pusiera a la cabeza de la revolución, aprovechando su inexperiencia militar, con la intención de caotizar la lucha y destruir al país. Para él:

Los [...] círculos masónicos de Inglaterra, Francia y Estados Unidos deseaban y alentaban la Independencia de Iberoamérica, no porque lamentaran la suerte de esta como colonia española, sino simplemente porque así contribuían a debilitar a una potencia rival [España...]. Esta tendencia [masónica] negativa y extraña en nuestro movimiento de Independencia [...] no estaba cuidando así las bases para que surgiera un nuevo y fuerte país independiente, sino minándolo de antemano a fin de que luego fuera presa fácil de ambiciones extranjeras que buscaban en México influencias políticas y botín. [11]

Con lo anterior, Borrego despoja a la Independencia de sus causas históricas, valorándola como un accidente provocado por agentes externos a la hispanidad, es decir, por una conspiración judío-masónica. Por su parte, Cesar Vidal, un fascinado de las conspiraciones, retomará algunas ideas de Borrego (aunque sin la intención de condenar a la masonería) y afirmará que la masonería fue un instrumento de Napoleón en su política de dominio mundial y que esta “aniquiló al imperio español.” [12]

Francmasones y sociedades de ideas en la Nueva España
Las primeras noticias de la presencia de masones en la Nueva España datan de la década de 1760 y proceden de procesos inquisitoriales. [13] Por su parte, la tradición masónica considera al Virrey Segundo Conde de Revillagigedo (1789-1794) como el introductor de la masonería en México; ciertamente, durante su gestión llegaron muchos franceses, algunos de ellos en su propio sequito; y entre éstos había algunos masones como su cocinero Laussel, el peluquero y librero Pedro Burdales y el pintor veneciano Fabris, quienes serán juzgados en la inquisición. [14] Según algunas declaraciones en el tribunal de la Inquisición, los franceses se reunían en la casa del relojero Juan Esteban Laroche, donde leían y comentaban textos prohibidos de Francia, entre ellos a los enciclopedistas, y hablaban sobre la Revolución Francesa; al parecer el Virrey Conde de Revillagigedo los protegía. Estas reuniones se realizaban desde 1782, [15] aunque es imposible precisar si estas reuniones eran tertulias liberales, tenidas masónicas o una conspiración. Sin embargo, en su juicio, Laussel declaró que en 1791 asistió a una Fiesta Solsticial –una importante ceremonia masónica– en la casa del peluquero Du Ruy, [16] lo que nos permite deducir que cuando menos algunas de estas reuniones si eran tenidas masónicas. El sospechosismo de la sociedad y de las autoridades novohispanas hacia los franceses obligó a estas últimas a actuar, [17] aunque cabe precisar que las autoridades se preocuparon de la masonería en la medida en que era asociaba con la Ilustración y la Revolución Francesa. Incluso los presuntos francmasones enjuiciados fueron acusados de simpatizar con la Revolución Francesa y de poseer y/o distribuir libros prohibidos, siendo la práctica de la masonería un cargo secundario. Trueba considera que las sociedades de ideas no fueron fundadas por masones, sino por algunos activistas ilustrados como espacios autónomos que escapaban del control de las autoridades, donde circulaban los libros prohibidos y, que en todo caso, algunas de estas sociedades derivaron en logias y otras en conspiraciones, entre ellas las independentistas. [18]

La invasión napoleónica y las logias gaditanas
Como se ha mencionado, la Revolución Francesa transformó las instituciones del Antiguo Régimen, entre ellas la masonería, que dejó de ser exclusivamente una fraternidad iniciática, una sociedad filosófica filantrópica, para convertirse en una agrupación política. Asimismo, se habla de que durante las Guerras Napoleónicas las tropas francesas (entre las que era popular la masonería) instalaban logias por donde pasaban. En este sentido, una leyenda negra refiere que fue José Bonaparte quien introdujo y protegió a la masonería en España, aunque en realidad, la primer logia en España fue fundada en 1728 por residentes ingleses. [19] Sin embargo, José Bonaparte era el Gran Maestro del Gran Oriente de Francia (1805-1808 aunque ni ejerció su maestrazgo ni era masón) y durante su reinado fue nombrado Gran Comendador de España. Asimismo, durante la ocupación francesa, la masonería aprovechó, más que el supuesto “amparo estatal”, la ausencia de órganos de control social como el tribunal de la inquisición, para desarrollarse y expandirse en la metrópoli. [20] Por otra parte, en este periodo Cádiz fue el refugio de la resistencia nacional que se entremezcló con el liberalismo ilustrado. La experiencia gaditana, por lo tanto, diferirá de la de Madrid, y en circunstancia la masonería gaditana –nacionalista– no será igual que la masonería bonapartista.

La imagen masónica de Cádiz durante la invasión napoleónica es la de una ciudad donde abundaban las logias. Según Ferrer, [21] fue la llamada Década Infame (1823-1833) la que vinculó al liberalismo gaditado con la masonería. Un informe de Delaveau, Consejero de Estado y Prefecto de Policía de París, de 1824, sugiere que:

La francmasonería data en España solamente de la Guerra de Invasión; antes era, por así decir, desconocida. Las primeras logias se establecieron en Cádiz, mientras los franceses asediaban esta plaza. En un principio apenas crecieron, y se limitaron durante cierto tiempo a la práctica de las ceremonias y ritos masónicos, y a dar preferencia a los principios filantrópicos que son la pretendida base de su Institución; pero a fines de 1811 y en 1812, esta secta se había extendido bastante y se convirtió en una secta política participando mucho en los asuntos públicos. [...] Los ambiciosos no tardaron en conocer cuanto podía favorecer esta asociación sus pretensiones, y los revolucionarios hicieron de ella la palanca más poderosa para sus proyectos. En 1814 los masones eran numerosos y poderosos; su influencia se notaba en todas partes, y todos los hombres ligados al Gobierno provisional se hacían iniciar en la Secta. [22]

Si bien, el informe anterior refleja el alarmismo de la restauración postnapoleónica, el mexicano y liberal Mora refiere que las sociedades secretas servían para ganar votos en las Cortes, pues:

“Se hacían inscribir en ellas a los diputados, y una vez logrado esto, se les mandaba obrar y votar de tal o cual modo [...] Cuantos vieron de cerca el manejo de las Cortes dan testimonio de nuestros asertos; todo se manejaba masónicamente y los acuerdos formados en logia prevalecían.” [23]

Asimismo, Villoro considera que la experiencia gaditana transformó a los diputados novohispanos: los vuelve liberales, y agrega que “muchos criollos hacen un encuentro decisivo, que habrá de influir en su concepción histórica y política: la masonería”. [24]

La Sociedad Caballeros Racionales y la expedición de Mina
Pero ¿cómo influyó la masonería gaditana en la Revolución de Independencia? Durante su juicio, Fray Servando Teresa de Mier declaró que había una sociedad de americanos (los Caballeros Racionales) fundada en febrero de 1811 por el argentino Carlos Alvear (en su propia casa), [25] que tenía la intención de evitar la fragmentación del imperio español (planteada por Napoleón) en cuatro virreinatos. [26] Para defenderse también señaló que no era una sociedad masónica, salvó Alvear, quien conocía e imitaba algunas formulas masónicas. Incluso refirió que Alvear les comentó que “si algún socio [de la sociedad] quisiese entrar masón para saber lo que trataban en ellas contra América, se le podía permitir.” [27]

Cabe precisar que la Sociedad Caballeros Racionales no era una estricta logia masónica, pues no estaba afiliada a ninguna Gran Logia, pero si era una heterodoxia autónoma de lo que podríamos llamar la hegemónica ortodoxia institucional masónica. Además, Caballeros Racionales era una manifestación del reformismo masónico, frente a la tradicional masonería dieciochesca del antiguo régimen, comparable con la republicana y antibonapartista Sociedad de Sublimes Maestros Perfectos (1811-1814) de Philippe-Michel Bounarroti, pero alejada del radicalismo de los carbonarios franco-italianos, emanados de esta última. [28] En su juicio, Mier describe la iniciación a la sociedad, [29] misma que al ser comparada con una liturgia masónica de la época, tiene algunos paralelismos con ella, solo que enfatizando en la empresa libertaria americana. Quizá por esta razón Rangel lo llamará “Rito Americano”. [30] Caballeros Racionales había fundado otras logias en Filadelfia, Caracas, Buenos Aires (según la Carta interceptada a Alvear) [31] y en La Habana y Veracruz (según el testimonio de Cerdeña y Vázquez Acuña), [32] además por supuesto de la jalapeña, que veremos más adelante. [33] No estaba vinculada –ni masónica, ni políticamente– con la Gran Logia de Londres, monárquica y conservadora. [34] En cambio, tenía influencias del liberalismo republicano norteamericano de la Logia de Filadelfia, a la que pertenecieron Benjamín Franklin y George Washington, y donde según algunas fuentes fue iniciado el venezolano Francisco de Miranda. [35] Guzmán sugiere que esta Sociedad es consecuencia del desacuerdo con las otras logias gaditanas, partidarias de conservar la unidad hispana a costa de la dependencia americana. [36] En este sentido, Fray Servando refiere en su declaración que:

los españoles de diferentes provincias formasen en Cádiz sociedades para socorreré mutuamente y deliberar sobre la suerte de sus provincias. Naturalmente estaba faltando una de americanos, que estaban allí mismo perseguidos porque protestaban altamente en las Cortes mismas, que si España sucumbía a Napoleón, las Américas eran libres para disponer de si. [37]

En Octubre de 1811, Caballeros Racionales se trasladó a Londres (a la casa del argentino San Martín). Alvear dice en su carta que:

estuvo a punto de cerrar sus trabajos la logia número 3 por las voces que sabeis se empezaron a divulgar por Cádiz [...] después de haber adoptado todo lo que la prudencia nos dictó decidimos seguir en nuestros trabajos a toda costa y riesgo. La providencia que ciega a los tiranos nos favoreció esta vez, pues nuestros trabajos continuaron con el mejor éxito y felicidad a pesar de las asechanzas del gobierno. [38]

En Londres, desde 1809, el venezolano Francisco de Miranda “El Precursor” había fundado una logia, al parecer matriz, si acaso precursora, de Caballeros Racionales, a la que la tradición ha dado el nombre de “Gran Reunión Americana” y a la que pertenecían algunos mexicanos partidarios de la independencia como Servando Teresa de Mier, José Francisco Fagoaga (el Marqués del Apartado), su hermano José María y su primo Wenceslao de Villaurrutia. [39] De cualquier forma, Bartolome Mitre refiere que: “en Londres estaba lo que podría llamarse el Gran Oriente Político de la asociación.” [40] Asimismo, en esta ciudad se encontraban exiliados algunos españoles liberales, algunos de los cuales pelearon contra los franceses durante la ocupación de la península, y cuando el reinstaurado Fernando VII restauró el absolutismo se habían rebelado contra él. Entre ellos estaba Francisco Javier Mina. Jiménez Codinach sugiere que Mina conoció a los hispanoamericanos por medio de los españoles liberales exiliados como José Blanco White, Álvaro Flores Estrada, y que asistió a las tenidas en las logias donde se reunían, así como a las discusiones en el “Cuartel General de Patriotas Americanos”. [41]

Pero, por ser Londres el Oriente operativo de este grupo, ¿Inglaterra intervino en la independencia hispanoamericana? Inglaterra fue un aliado del imperio español durante las guerras napoleónicas al tiempo que codiciaba aumentar su influencia económica y política en las colonias españolas en América frente a los decadentes españoles y a los emergentes norteamericanos en expansión que ya le disputaban el Caribe. [42] Para ello, si bien la independencia no era un imperativo, si lo era disminuir su excesiva dependencia y control de la metrópoli. Algunos de los hispanoamericanos, entre ellos Mina, tenían vínculos con el gobierno británico a través del ministro de exteriores Lord Castlereach. Sin embargo, Mina no era un agente del gobierno inglés, sino un aliado contra Napoleón primero y contra el absolutismo de Fernando VII después; incluso, antes de partir a México, la alianza entre Mina y los tories del gobierno británico que solo era explicable por los intereses encontrados –que no comunes– en las circunstancias geopolíticas que la habían hecho posible, ya había dado de si. [43] En ese momento a Gran Bretaña le interesaba estrechar su relación con España, aunque tampoco hizo nada para impedir la expedición de Mina, aun cuando la diplomacia española había informado al gobierno británico sobre su descubrimiento y solicitado que la evitara. [44] Después de haber sido capturado, Mina declaró que ni tenía comunicación, ni recibió apoyo de ningún gobierno, aunque si reconoce el apoyo económico recibido por algunos particulares a quienes conoció en las Sociedades –quizá refiriéndose a las masónicas o al Holland House Circle-. [45]
Aun cuando hayan intervenido las sociedades masónicas en la empresa de Mina, más que la fraternidad masónica, fueron los intereses encontrados en torno a la ideología liberal lo que vinculaba a Mina y a los hispanoamericanos con sus patrocinadores económicos. Otro de los patrocinadores de Mina fue el Marqués del Apartado, jefe de la familia Fagoaga. Los Fagoaga, aristócratas criollos y principales mineros de México, estaban descontentos con el gobierno español y por lo tanto eran partidarios de la independencia, incluso, participaron para conseguirla, financiando algunas empresas insurgentes como el diario político El Colombiano de Francisco de Miranda, la cartas de Miranda a las juntas y ayuntamientos hispanoamericanos y la Carta de Viscardo que se distribuyeron por toda América. [46] Precisamente el Marqués del Apartado sería el fiador de la expedición financiada por inversionistas ingleses. [47]

Mina era un republicano, según Jiménez Codinach “el absolutismo de Fernando VII y las logias hispanas y americanas se habían encargado de ello.” [48] Mier era un activista de la independencia mexicana, y todo indica que fue el principal promotor de la expedición de Mina a México. [49] Para Cuevas “los masones y el hambre habían inducido a Mina a encabezar la expedición“. [50] El republicanismo de Mina y el independentismo de Mier produjeron una coyuntura política entre estos activistas de la libertad. Lo que vinculaba a los hispanoamericanos entre ellos era la libertad americana, pero lo que los vinculaba con los españoles exiliados, entre ellos Mina, era el despreció común por el absolutismo de Fernando VII. Mina pensaba combatir junto a los liberales de la Nueva España en la Gran Patria Hispana que incluía a Hispanoamérica, e independizar Nueva España, para que el absolutismo de Fernando VII cayera por si solo. Sin embargo Mina no encontró en México a los masones liberales, numerosos en las tropas expedicionarias, dispuestos a sumarse a su causa; incluso los insurgentes desconfiaron tanto de su tropa extranjera como de sus exhortos liberales a las tropas realistas. [51]

Hubieron otros intentos de enviar expediciones como la de Mina en la que estuvieron involucrados comerciantes y políticos norteamericanos y logias masónicas, como el plan de la Confédération Napoleonnie (1815-1817), a la que pertenecían oficiales bonapartistas exiliados en Estados Unidos después del desastre de Waterloo, [52] que pretendía restaurar el imperio napoleónico desde la Nueva España a través de coronar emperador a José Bonaparte (quien radicaba en Filadelfia), expandir la revolución a Sudamérica y liberar a Napoleón, prisionero en Santa Elena por los ingleses. [53] Para ello habría que fundar una Nueva Francia en Texas y desde ahí conquistar México, aunque no pasarían de San Antonio Bejar donde se enfrentaron con tropas realistas, que los hicieron retroceder. [54] Otro intento fue la expedición de Mariano Renovales, planeada por los mismos círculos mercantiles, liberales y masónicos británicos que organizaron la expedición de Mina. Ninguno de los intentos fue concretizado.

Dos sociedades secretas insurgentes: los Guadalupes y la Sociedad (Caballeros Racionales) de Jalapa.
Si bien algunos hispanoamericanos radicados en Cádiz y en Londres recurrirán a la estructura operativa que ofrecía la masonería para realizar la independencia americana, en Nueva España, los insurgentes desconfiarán de ella, en parte por la imagen negativa que la asociación con el jacobinismo de la Revolución Francesa como la invasión napoleónica había formado de ella y en parte por la creciente popularidad que adquiría en el ejército español –realista– y –al aumentar este su influencia política por la guerra– en algunas autoridades virreinales. Cos, por ejemplo, acusará al Virrey Venegas y a la Junta Central de Cádiz de francmasones enfatizando en su afrancesamiento –jacobino– político. [55] Sin embargo, la desconfianza por la masonería no los exentó de recurrir a la operatividad que proporcionaban las sociedades secretas.

La única excepción “insurgente” donde intervendrá una especie de masonería será la sociedad secreta (Caballeros Racionales) de Jalapa. Esta sociedad fue fundada por Vázquez Acuña, iniciado en la Sociedad Caballeros Racionales durante su exilio en Cádiz, y por los oficiales criollos Juan Bautista Ortiz y Evaristo Fiallo (a quienes también conoció en Cádiz), en marzo de 1812. Estará influida por su matriz gaditana, pero a diferencia de ella (que consideró es una manifestación del reformismo masónico de la época) la jalapeña tan solo se inspirara –levemente– en la masonería, destacando por supuesto, el recurso operativo. Al igual que los Guadalupes, la sociedad secreta de Jalapa buscará articular, a través de una red secreta, a los partidarios de la independencia, que por temor o por saberse imposibilitados no confrontaban abiertamente al gobierno virreinal. Asimismo, buscaba proporcionarles armas, pólvora y caballos a los insurgentes, así como información y orientación política. Sin embargo, a diferencia de los Guadalupes su alcance fue limitado, pues aparte de quedar reducida al ámbito regional (Jalapa y sus alrededores), la posición social de sus miembros era muy inferior a la que lograron agrupar los Guadalupes. Asimismo, la insurgencia veracruzana no estaba tan organizada, ni era tan fuerte, como lo fue la insurgencia del Bajío y del sur comandada militar y políticamente por Rayón, Morelos, la Junta y el Congreso. La sociedad no pudo, o no tuvo tiempo, de vincularse con las otras logias que Caballeros Racionales había establecido en Hispanoamérica (incluso fuera de ella). También fue incapaz de conciliar la experiencia gaditana con la experiencia insurgente, pues, como se ha mencionado, había grandes diferencias entre el estado de la guerra en Veracruz en comparación con el de otras regiones del país como el Bajío y el sur, así como al escaso tiempo en que duró la Sociedad, tan solo tres meses desde su fundación hasta que fue descubierta en mayo. El único logro de la sociedad fue la conformación de la Junta Provisional Gubernativa de Noalingo, pero al igual que la sociedad de alcance regional. Al no prosperar los objetivos de la sociedad, algunos de sus miembros, como José Mariano Lucido se unirán a la insurgencia. Sin embargo, la sociedad jalapeña será, afirma Guedea:

“el primer intento novohispano de aplicar con rigor un modelo de organización venido de fuera, el que una vez adaptado a las circunstancias novohispanas sería el que seguirían y desarrollarían las nuevas organizaciones políticas para alcanzar su máxima eficiencia una vez alcanzada la independencia de España.” [56]

Por otra parte, la sociedad insurgente de los Guadalupes era una organización secreta que comunicaba a los simpatizantes y militantes de la insurgencia dispersos en todo el país con la dirección del movimiento, que les proporcionara tanto apoyo material, así como orientación política de las opiniones que recogían y discutían; incluso hasta hacían funciones de inteligencia. [57] Por esta razón, De la Torre Villar los consideró la quinta columna de la insurgencia. [58] Guedea por su parte, considera que el grupo estaba en busca de un gobierno insurgente alterno. [59] Debido tanto a que eran una sociedad secreta, como al auge de la masonería internacional, a los Guadalupes se les relacionó con ella, aunque no lo hayan sido, ni siquiera remotamente; el Virrey Calleja se refirió a que “entre los americanos reina una especie de francmasonismo, digámoslo así, que los pone a segura de toda averiguación en tratándose de asuntos de infidencia. Todos está unidos; caminan a un fin; obran por iguales principios y no se descubren jamás.” [60] Sin embargo, para entonces (1812-15), solo algunos Guadalupes, como José María Fagoaga, ya se habían iniciado en la masonería, otros más se iniciarán después de disolverse la sociedad.

Derrotado y capturado Morelos en 1815, principal agente, autoridad moral y centro político-militar de la insurgencia, los Guadalupes se disolverán; algunos de ellos serán encarcelados, otros desterrados y otros más recurrirán al indulto, pero eso sí, todos serán vigilados. Aun así, algunos de ellos continuaran actuando por la independencia clandestinamente –como hasta el momento lo habían hecho- pero ahora a través de la operatividad que permitía la sociedad secreta de la masonería, ya introducida en México, tanto por las tropas expedicionarias como por la expedición de Mina. [61]

La masonería militar: las tropas expedicionarias, la revolución de Riego y la independencia trigarante.
Enrique Gandía refiere que algunas logias gaditanas instalaban logias en los buques expedicionarios que zarpaban a América “para que conquistase nuevos adeptos y se minase el ejército absolutista que iba a combatir contra los liberales hispanoamericanos”. [62] En realidad no era así, Mier señala que las logias de comerciantes establecidos en Cádiz –beneficiados con la dependencia americana– financiaban a las tropas expedicionarias para combatir la insurgencia. [63] Sin embargo, aun así las logias prosperaron en el ejército, seguramente porque reforzaba la camaradería militar. Precisamente fueron algunos de los oficiales de las tropas expedicionarias que partían a la Nueva España, quienes en 1813 trajeron el Rito Escocés. Los miembros de estas logias eran españoles, y solo aceptaban a algunos criollos de la élite; [64] según Mora, entre los criollos, solo el constitucionalista aristócrata José María Fagoaga, el comerciante de Veracruz Tomás Murphy e Ignacio García Illueca eran masones. [65]
Por su parte, Alamán dice que desde antes había masones, solo que ocultos y aislados, y que hasta la llegada de tropas expedicionarias se vincularon, siendo el oidor Felipe Martínez de Aragón quien los reunió: “La llegada de tropas expedicionarias dio nueva importancia a la asociación, por pertenecer a ella los jefes y casi toda la oficialidad, así como todos los oficiales de la marina, entre los cuales se tiene por cierto que se contaba el mismo virrey Apodaca.” [66] Precisamente, la logia “Arquitectura Moral”, fundada entre 1817 y 1818, trabajaba en la casa del capellán de las monjas del convento de Santa Teresa, en la calle de Coliseo, y a ella pertenecían personalidades como el Virrey de Apodaca y el oidor Martínez de Aragón, quien era su Gran Maestro. [67] Al ser su origen gaditano estas logias eran hispanistas y constitucionalistas; incluso podríamos decir que algunos de ellos eran agentes del constitucionalismo en la Nueva España. En este sentido, Mateos dice que esta logia “fijó su programa [político] sobre la base del sistema representativo, y la reforma del clero, según había sido ya iniciada en las Cortes de Cádiz y en este sentido comenzaron sus trabajos.” [68] Mora agrega que “empezaron a hacer prosélitos, a difundir la lectura de multitud de libros prohibidos, y a debilitar por una serie de procedimientos bien calculados, la consideración que hasta entonces había tenido el clero en la sociedad.” [69] Como vemos, hasta este momento, ni Mateos ni Mora hablan de Independencia entre los escoceses, mucho menos que el Rito Escocés haya minado al ejército realista contra la insurgencia como sugiere Gandía, aunque si refieren que el programa masónico era ilustrado, liberal y reformista, “eran liberales; pero lo eran en el sentido español.” [70]

Al restaurarse el absolutismo en 1814, también fueron restauradas sus instituciones tradicionales como la Inquisición; ésta consideró a la masonería como el principal enemigo de la Iglesia y del Estado “dando por hecho que las sociedades secretas y la oposición liberal eran la misma cosa” dice Hammett. [71] aunque en la Nueva España era diferente, pues –continúa–: “es poco probable que sus opiniones políticas [de la masonería] hayan sido tan opuestas al interés del mismo sector de la clase gobernante.” [72] Incluso podríamos decir que, por lo señalado anteriormente, hasta la consumación de la Independencia la masonería era un organismo de la clase gobernante integrada por los españoles y la aristocracia criolla. Alamán reproducirá la impresión de las autoridades eclesiásticas y señalará que la masonería: “a diferencia de lo que era en Inglaterra y otras partes, en donde se hallaba reducida a una confraternidad de mutuos auxilios, había tomado un carácter enteramente político, y podía con verdad llamársele una conspiración permanente.” [73]

Para 1820, el malestar en el ejército español era generalizado. Habían pasado doce años de guerra continua; el ejército había combatido a los franceses y reinstaurado a Fernando VII, quien dio marcha atrás al reformismo gaditano con el que simpatizaba el ejército. Como hemos visto, en el ejército español era popular la masonería y los oficiales inconformes aprovecharon su estructura para conspirar contra el gobierno. La reunión de tropas expedicionarias destinadas a combatir a los independentistas sudamericanos presentó una oportunidad para rebelarse contra la autoridad. [74] Con la revolución de Riego, finalmente se concretizaría la alianza liberal-masónica tan temida por los grupos despóticos.

La revolución de Riego cambiaría el panorama hispano. El triunfo liberal, y en gran medida masónico, confirió a la masonería española una nueva posición que se expresó en la renovación de los cuadros de la administración pública y a la vez en su legitimación pública como organismo político. [75] Estos efectos no se limitaron a España; en Nueva España los criollos se afiliaron a la masonería, [76] sin embargo, al mismo tiempo se quebrantó la unidad de la masonería novohispana –si es que alguna vez la hubo–. Hamnet dice que: “Los objetivos políticos de los francmasones comenzaron a diferenciarse, pues los mexicanos pretendían emplear el constitucionalismo restaurado como medio para logar la transición de la colonia a un Estado soberano” [77] Mateos, quizá refiriéndose a la actuación de los comerciantes de Veracruz encabezados por Tomás Murphy, refiere que la masonería “pudo conseguir que en 1820, el mismo Virrey manda[ra] publicar en México la referida constitución española, restablecida ya en España.” [78]

El Virrey Apodaca, refiere Alamán: “temió sin duda que los militares expedicionarios que en Méjico pertenecían a aquella secta, hubiesen recibido ordenes para efectuar igual movimiento [que el de Riego].” [79] Apodaca no estaba equivocado al temer una revuelta del ejército. En lo que si erraba era en el objetivo que perseguiría esta revuelta; es decir, no en favor el constitucionalismo liberal sino contra él. La revolución de Riego, producida en el seno del ejercito, fue un ejemplo para las tropas novohispanas. Los criollos de la tropa estaban descontentos por la discriminación oficial, el incumplimiento de asenso, los salarios caídos, el equipaje y las provisiones precarias, mientras que las tropas expedicionarias, lo estaban por la desconfianza que despertaban las acciones poco claras del Virrey de Apodaca. Debido a los once años de guerra (trece si contabilizamos desde la invasión napoleónica) el ejército aumento su influencia en la política, [80] al tiempo que se politizó influido por las tendencias ideológicas de la época. [81]

La Independencia era una aspiración en el propio ejército realista, conformado en su mayoría por criollos. Desde antes de la guerra los criollos de la tropa anhelaban la Independencia, incluso algunos participaron en las conspiraciones de Valladolid y de Querétaro como Allende (el principal operador político de la revolución de 1810 previo a su estallido). Desde los ejercicios militares de 1808, los criollos de la tropa cobraron conciencia de su fuerza para conseguirla. Sin embargo, aun cuando anhelaban la independencia y eran conscientes de su fuerza para conseguirla, esperaron hasta la maniobra de Iturbide para sumarse a ella. Esto debido a que la insurgencia mexicana, a diferencia de las sudamericanas, fue una revolución popular, un movimiento de masas que incorporó a los indios, a los negros y a las castas descendientes de ambos. Las reformas sociales que impulsaron Hidalgo, Morelos, la Junta y el Congreso, más que beneficiar a la élite criolla, atentaban contra sus intereses. Los criollos detestaban la discriminación oficial, sin embargo era aceptable mientras les garantizara una seguridad económica. Frente a la alianza entre los españoles peninsulares y la élite criolla, la clase media criolla optó primero por la opción popular, es decir por la insurgencia y su reformismo social, y después, cuando la opción popular fue derrotada y por lo tanto cancelada, y se produjo una fisura en el partido español, la única opción posible era la alianza con las clases criollas que anteriormente contribuían a oprimirla.

Siendo el ejército el principal grupo donde operaron las logias, era natural que al discutirse en ellas las ideas políticas y al operar a través de ellas se confrontaran unas con otras. La fisura en la masonería novohispana se reproduciría al año siguiente en las logias militares, entre las partidarias de la independencia y las partidarias de la reforma a través del constitucionalismo gaditano pero conservando los vínculos políticos con el Estado español.

Por otra pate, según Alamán, los vínculos ideológicos entre las logias de origen gaditano de ambos continentes influyeron en el voto de confianza que en las dos orillas del Atlántico le fueron conferidos al ultimo virrey –con el cargo de Jefe Político Superior y Capitán General–: el francmasón Don Juan de O’Donojú. Ramos Arizpe, iniciado en la masonería durante su estancia en la Cortés de Cádiz, influyó en su nombramiento. [82] Quizá, la intención de los diputados novohispanos en las Cortes era que se nombrara como virrey a un personaje flexible para negociar, si no la independencia, cuando menos una nueva relación –más equitativa– entre España y México. En este sentido O’Donojú fue enviado por el gobierno liberal constitucionalista español para negociar con Iturbide, no la independencia, sino el fin de la insurgencia a través de la renovación del contrato social propuesto por el constitucionalismo gaditano, aunque las circunstancias solo le permitieron negociar el mejor de los acuerdos posibles, a través de los Tratados de Córdoba basados en el Plan de Iguala.

Las logias y la formación de los partidos políticos en el México Independiente
Consumado el objetivo común: la Independencia, las alianzas y conflictos de clase referidos anteriormente también se expresaran en las logias. La alianza temporal entre criollos clasemedieros, la élite criolla y algunos españoles peninsulares dará de sí.

En el ejército, el principal centro operativo de las logias, los criollos se escindieron de los españoles y fundaron la primer logia propiamente mexicana dentro de la División que comandaba el exguerrillero insurgente, incorporado al ejército trigarante (y ahora mexicano), Gnral. Nicolás Bravo. [83] Habiéndose politizado el ejército y aumentado su influencia política, será en torno a ese núcleo militar desbordado en el ámbito civil, en el que surgirá el partido del progreso (escocés), en oposición a los intentos restauradores. Al ser las logias los organismos en los que se discutía y operaba políticamente comenzaron a constituirse en torno a ellas las primeras agrupaciones políticas del México independiente. En este sentido Hamnet sugiere que: “La masonería se convirtió en el terreno común en el que los civiles, los militares y el clero se reunían para discutir sus ideas de cómo dar una nueva forma al país.” [84] Sin embargo, al no estar todavía definidos los grupos políticos que disputarán entre si, es difícil precisar la ideología del partido escocés, aun cuando su origen y su “programa” político inicial haya sido el constitucionalismo gaditano, monárquico pero liberal; pues en el grupo escocés también confluirán republicanos de todas las tendencias.

Derrocado el Imperio de Iturbide en 1823 y proclamada la República en 1824, la unidad alcanzada en el partido del progreso (a la que incluso se sumaron los monarquistas borbonistas, integrados principalmente por españoles) también dará de si. Después de la escisión con los grupos republicanos federalistas –donde predominaban los criollos clasemedieros–, los monarquistas constitucionales y los republicanos centralistas del grupo escocés –donde predominaba la élite criolla– se verán obligados a conservar la alianza con los españoles. Esta alianza más que apoyo, les acarreará la desconfianza de la mayoría de los criollos y la impopularidad general que vio en ello el retorno de la dominación colonial. En este momento el partido escocés era el organismo en el que se agruparon las élites criollas y los españoles peninsulares, su programa político era el de un liberalismo reformista, pero a la vez tradicionalista, es decir, el hispanismo monárquico constitucional gaditado. Como expresión de la clase dominante, pero progresista, el Rito escocés -en palabras de Sims- estaba “abierto a cualquier cambio que no amenazara la posición social de sus miembros”. [85]

Los iturbidistas, criollos, derrotados por los escoceses se aliaran con los republicanos federalistas y jacobinos. Este grupo estará integrado en su mayoría por criollos clasemedieros al que se irán incorporando los mestizos, como Victoria, y de otras castas, como Guerrero. Para oponerse al organizado partido escocés, este último grupo federalista clasemediero también recurrirá a la operatividad masónica y creará el Rito de York. [86]

El Rito de York fue creado en 1825 a iniciativa del senador tabasqueño José María Alpuche, el ministro de Hacienda Ignacio Esteva, el Oficial Mayor del Ministerio de Justicia Miguel Ramos Arizpe, el presidente de la república Guadalupe Victoria, el General Vicente Guerrero, entre otros. La influencia del ministro plenipotenciario de los Estados Unidos, Poinsett, en la formación del Rito arroja más dudas que respuestas. Lo único verificable es que Poinsett anhelaba intervenir en la política mexicana, que recibió con beneplácito la formación del partido federalista en torno al Rito de York y que consiguió las Cartas Patentes de la Gran Logia de Nueva York, que lo formalizaron masónicamente; pero aun queda la duda sobre si su influencia fue mayor. Por mi parte considero que el partido federalista surge como iniciativa del grupo que lo conformó, aunque seguramente Poinsett asesoró a los fundadores del Rito de la misma manera que atendía a muchos otros personajes de la política nacional que recurrían a su consejo; sin embargo no por eso era el hombre fuerte de la política nacional como algunos han señalado.

Los orígenes del Rito de York son un tanto oscuros (como el origen de todas las sociedades secretas), aunque seguramente en su fundación intervinieron algunos miembros disidentes del partido escoses que permanecieron fieles a Iturbide, como Tornel [87] u otros más como Esteva. Mateos habla de que en la fundación del Rito de York intervinieron treinta y cinco maestros masones procedentes, naturalmente, del único Rito masónico existente hasta ese momento. [88] Como en su momento se expandió el Rito Escocés, el Rito Yorkino crecerá rápidamente. Las seguridades y hasta las ambiciones personales influyeron en su crecimiento, pues muchos funcionarios afiliados al Rito escocés, lo abandonaron en desbandada para afiliarse al nuevo Rito, y así poder conservar sus empleos u obtener uno mejor (o uno en el caso de los desempleados). Otros de los afiliados no tenían experiencia masónica, pero se incorporaron al nuevo rito tanto para satisfacer sus ambiciones personales y de grupo, como para recurrir a la estructura operativa de la masonería y oponerla al organizado Partido Escocés.

Este Rito sería la plataforma política donde se vinculó y actuó la, hasta ese momento, excluida clase media, que a la vez era la inteligenscia nacional, pero por lo mismo extremadamente idealista. Se presentaría como un partido popular, aunque también fue bien recibida en la élites provinciales que vieron en el federalismo una forma de “autonomía” del centro. Su programa político sería un liberalismo reformista pero republicano, jacobino y filoamericano. En términos políticos representaba la búsqueda de una transformación radical y de ruptura con la tradición, desconociendo así las realidades sociales, lo que sería la base de su fracaso. Un año después, en 1826, se formará el Rito Nacional Mexicano con maestros masones de las dos logias, [89] pero por ser este tema ajeno al objetivo de este trabajo quedará pendiente para otra ocasión.

Conclusiones
1) Aun cuando, como hemos visto, la literatura masónica como antimasónica hayan elaborado una mitología sobre la influencia de la masonería en la Revolución de Independencia, al estudiar la masonería “política” y reducirla a su justa dimensión, nos percatamos que, si bien en la Independencia mexicana su influencia “militante” no fue tanta como en las Revoluciones de Independencia sudamericanas, durante la Revolución de Independencia mexicana, las sociedades secretas, y entre ellas masonería, confirieron una estructura operativa tanto para los realistas como para algunos insurgentes. En cuanto a la masonería, ésta era popular en las tropas expedicionarias del ejército realista, mientras que los antiguos insurgentes mexicanos se iniciarán en ella, solo hasta el final de la guerra, después de haberse sumado al Plan de Iguala e incorporado al ejército trigarante. Previo al Plan de Iguala, la masonería no participó de la insurgencia, salvo la breve experiencia masónica de Jalapa y la expedición de Mina, aunque ambas alejadas, en lo espacial como en lo temporal respectivamente, del epicentro insurgente comandado por Hidalgo, Rayón, Morelos, La Junta y el Congreso.

2) Los personajes históricos afiliados a la masonería actuaban por cuenta propia, y no al servicio de una organización mundial; sin embargo de la masonería aprovecharán su estructura y praxis operativa: organización secreta, fraternal, internacional, de tendencia liberal, y jerarquizada en grados.

3) Debido a la libre exposición de las ideas durante los trabajos masónicos como a la diversidad ideológica de lo grupos y personajes que recurrían a ella, la masonería carecía de una ideología definida, aun cuando se identificaran con un programa liberal reformista. Antes de la Independencia, el único partido posible era el de Dios y del Rey, todo pasaba por su legitimidad discursiva y lo demás era un atentado sedicioso contra la unidad política. [90] En este sentido, a falta de partidos políticos las sociedades de ideas, algunas de las cuales con el tiempo se convirtieron en logias o hasta en conspiraciones, fueron un espacio subalterno de la hegemonía imperial-eclesiástica hispano-católica (y no por ello sus miembros eran menos españoles o menos católicos) donde circulaban, se expresaban y discutían las ideas. Mora dice que “lo único, pues, que ha podido justificar la existencia de semejantes asociaciones [las sociedades secretas], ha sido la falta de libertad.” [91] Todo lo anterior explica como las logias fueron las primeras agrupaciones políticas del México independiente que lentamente derivaron en los partidos políticos modernos. [92]

4) No nos sorprende que el conflicto entre insurgentes y realistas se prolongará entre escoceses y yorkinos sin que la fraternidad masónica pudiera evitarlo. A grandes rasgos, podemos referir que las logias escocesas son las herederas del constitucionalismo gaditano, mientras que las yorkinas seguidoras del republicanismo norteamericano. Estas últimas pretendieron instaurarlo en México a costa de eliminar la tradición liberal hispana. [93] Con el tiempo surgirán otros partidos en torno a Ritos masónicos como el Nacional Mexicano o independientes de ellos como el Partido de los Hombres de Bien (aun cuando muchos de sus miembros fundadores hayan sido masones). El tiempo y la formación de organizaciones políticas independientes de las logias acercará a los Ritos masónicos hacia un centro político.

5) En términos sociales y económicos, [94] las logias fueron una manifestación de los conflictos de clase, primero de la aristocracia progresista, excluida solo de algunas esferas del poder, y después de una clase media que buscaba ser incorporada en un mundo que se le negaba y que por su cultura, sentía que le pertenecía; que buscaba realizarse económicamente en su mundo pensado pero increado y que para ello tendría que realizarlo. Ese mundo nuevo solo era posible a través de la renovación del contrato social, a través de la reforma social y política que comenzaría con la independencia. De ahí la importancia de las logias/partidos del México recién independiente en la formación de las leyes e instituciones que sustituyeran las carencias económicas del criollo clasemediero y que impulsaran su asenso social. De esta manera, eran más las razones políticas que masónicas para integrarse en logias.

Como antes lo había hecho en las sociedades de ideas, las logias serán ese espacio donde la clase media, que a la vez era la inteligencia, marginada de la dirección política se refugiara. En el mundo masónico será aceptada, reconocida, participará de su fraternidad igualitaria, se incorporará socialmente; ahí compartirá con libertad su utopía, desde ahí buscará realizarla.

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Notas
1 Esta presunción se fundamenta más en suposiciones que en evidencias, pues las fuentes documentales contemporáneas de que disponemos son escasas, además, de que en este periodo a estudiar, ninguna es masónica. La mayoría de ellas son especulaciones de las autoridades civiles y eclesiásticas, como de algunos sectores de la sociedad, sobre la influencia de la masonería en la insurgencia.
2 Mateos, José María, Historia de la masonería en México. Desde 1806 hasta 1884. (Edición facsimilar), México, Editorial Herbasa, 1983. El mito de la omnipresencia se ha expandido tanto que hasta el artículo sobre la masonería de la “oficialista” Enciclopedia de México se basa en la historiografía masónica encabezada por Mateos y Zalce (ver bibliografía). En cambio, la opinión de Torre Villar es mucho más prudente y acertada al sugerir que: “algunos militares incorporados dentro de los cuadros del ejército novohispano habían tenido la oportunidad de entrar en contacto con soldados de graduación superior venidos de la península y en los cuales los programas internacionales de la francmasonería y del incipiente liberalismo era comunes.” (Torre Villar, Ernesto de la, Los guadalupes y la Independencia. México, Porrua) lo cual no indica, por supuesto, que los francmasones hayan sido los precursores ideológicos de la Independencia como sugiere Rangel, (Rangel, Nicolás, Los precursores ideológicos de la guerra de independencia: 1789-1794, v. 2. La masonería en México. Siglo XVIII. México, Archivo General de la Nación, 1932), aunque el enciclopedismo ilustrado, la Revolución Francesa y la Independencia de las Trece Colonias de Norteamérica, con su sistema liberal constitucional y republicano, fueron un paradigma que fascinó a algunos de los llamados precursores de la independencia, entre los cuales había algunos franceses asociados a la masonería. (Rangel, Nicolás, Los precursores ideológicos de la guerra de independencia: 1789-1794, v. 1 La revolución francesa. Una de las causas externas del movimiento insurgente, México, Archivo General de la Nación, 1929)
3 Asimismo, el mismo autor dice que un vecino, Cabo Franco, denunció la logia y algunos de sus miembros fueron enviados a prisión. La logia –continua- dejó de trabajar en la Calle de las Ratas y se mantuvo itinerante, trabajando principalmente en el Pensil, la casa de campo de Luyando, en San Juanico, (Mateos, Op. Cit. pp. 8-9) Sobre esta logia, el anónimo Una historia, la York Grand Lodge of México reconoce la existencia de esta logia, pero que al “abatir columnas” en 1808 se perdieron todos los documentos por lo que es imposible conocer su nombre y rito, aunque se especule que sea yorkino. (http://www.yorkrite.com/yglmx/historySpanish.htm)
4 “...para dar a conocer a la nación española las conspiraciones de los filósofos, francmasones e iluminados contra la religión el trono y la sociedad” reza el título completo de la traducción.
5 Barruel, The Abbe, Memoirs illustrating a History of Jacobinism, Londres, 1798 (version electrónica en Google books http://www.books.google.com. http://www.books.google.com)
6 Ferrer Benimeli, J. A. La masonería española en el siglo XVIII, Madrid, Siglo XXI, 1974, p. 350
7 Cit. por Ferrer Benimeli, ibid. p. 312.
8 Domínguez Michael, Christopher, Vida de Fray Servando, México, Conaculta–INAH, Era, 2004, p. 379
9 “Napoleón es el más grande francmasón que dirige la rebelión que destroza mi querida patria” (Fernández de San Salvador, Agustín Pomposo, “Desengaños que a los insurgentes de Nueva España seducidos por los francmasones agentes de Napoleón, dirige la verdad de la Religión Católica y la experiencia” p.18 en Hernández y Dávalos, Juan E. Colección de documentos para la historia de la guerra de Independencia de México de 1808 a 1821. T. IV, Coordinación Virginia Guedea y Alfredo Ávila, México, UNAM, 2008, Versión electrónica http://www.pim.unam.mx/juanhdz.html)
10 Sobre D’Alvimar ver Torre Villar, Ernesto de la, “El aventurero conde Octaviano d’Alvimar, espía de Napoleón” en Boletín del Archivo General de la Nación, Tomo VII, Número 2, Abril-Junio 1936, México. AGN, pp. 161-175. El relato de d’Alvimar se encuentra en Bustamante, Carlos Ma. de, Suplemento a los tres siglos del P. Andrés Cano. T. III: 259-261 Zalce refiere dos declaraciones sobre este asunto: la primera, del canónigo García Carrasquedo, Vicario de Hidalgo en San Felipe Torresmochas, Guanajuato, quien dijo ante el tribunal de la Inquisición que Hidalgo recibió en su casa a un general francés, y la declaración del mozo de d’Alvimar, Manuel Hernández, publicada por José Eleuterio González, de que d’Alvimar se encerró con Hidalgo toda una noche. (Zalce y Rodríguez, Luis J., Apuntes para la historia de la masonería en México: de mis lecturas y mis recuerdos, México, Taller tipográfico de la penitenciaría del Distrito Federal, 1950, v. 1, p. 15 y 19)
11 Borrego, Salvador, América peligra, México, Lito-offset Alfaro Hermanos, 1964, p. 121-124
12 Vidal, Los masones. La sociedad secreta más influyente de la historia, Barcelona, Planeta, 2005, p. 116. Ver el capítulo “La masonería aniquiló al imperio español” pp. 115-124 Asimismo, el relato de d’Alvimar también será retomado por la historiográfica masónica; Zalce aceptará como válidas las declaraciones referidas anteriormente; incluso sugerirá que posiblemente d’Alvimar fue el enlace entre la que también considera presunta Logia de la Calle de las Ratas, el movimiento del Ayuntamiento de 1808, Hidalgo y la revolución de 1810. (Zalce, Op. Cit., v. 1, p. 15 y 19)
13 Rangel, Op. Cit., v. 2, pp. 5-22.
14 Proceso contra Fabris (Ibid., pp. 23-131), proceso contra Burdales (Ibid., pp. 133.204), proceso contra Laussel (Ibid., pp. 205-417)
15 Zalce, Op. Cit., p. 9
16 Rangel, Op. Cit., v. 2, p. XXXI
17 Rangel, Op. Cit., v. 1. Sobre la paranoia del régimen respecto de los franceses ver Torres Puga, Gabriel, “Centinela mexicano contra francmasones Un enredo detectivesco del licenciado Borunda en las causas judiciales contra franceses de 1794” en Estudios de Historia Novohispana # 33, julio-diciembre 2005, UNAM (IIH), p. 57-92
18 Trueba Lara, José Luis, Masones en México. Historia del poder oculto, México, Grijalbo, 2007, p. 96
19 Ferrer, “La logia de Madrid” en Op. Cit. pp. 48-53. El Diccionario Enciclopédico de la Masonería refiere que las primeras logias en España fueron fundadas por Lord Coleraine en 1727 y 1728, en Gibraltar y en Madrid. (Dic. Enc. de la Masonería t. IV pp. 143-144)
20 Dic. Enc. de la Masonería t. IV pp. 191-192, 223. Incluso la Gran Logia Nacional, fundada en 1809, sesionó en el antiguo edificio del Tribunal de la Inquisición
21 Ferrer, Op. Cit. p. 331 Hasta la Regencia confirmó en 1812 el Real Decreto antimasónico de 1751
22 Continua “...Al regresar el Rey fue restablecido el Tribunal de la Inquisición que detuvo los progresos de la Masonería siendo proscrita. Pero a pesar de las amenazas, los castigos, y las delaciones, continuó celebrando sus misterios ocultos, y haciendo nuevos prosélitos. En estos conventículos secretos se prepararon las insurrecciones de Porlier, de Lacy, de Richard y la revuelta de la Isla de León Al introducirse la masonería en el ejército de expedición se llegó a corromperlo. Los cuerpos de artillería y de ingenieros estaban ya seducidos, así como los regimientos diseminados en las plazas fuertes; y la guardia del Rey contaban también con muchos masones, cuando estalló la revolución. Los sectarios de La Coruña, de Zaragoza, Barcelona y Madrid unieron sus esfuerzos con los sublevados en Las Cabezas, y el Rey se vio obligado a aceptar la Constitución. La lengua masónica se hizo, desde este momento, la de la Revolución. La Secta se apoderó de las riendas del Gobierno y de la administración. Era preciso ser masón para ser Ministro, al igual que para obtener una plaza de funcionario.” Informe del Consejero de Estado y Prefecto de Policía de París, Delaveau, dirigido al Ministro del Interior francés, citado por Ferrer, Op. Cit. p. 340-341
23 Mora, José María Luis, “Discurso sobre las sociedades secretas” en Obra Suelta de José María Luis Mora. T. II Revista política y crédito público. París, Librería de Rosa, 1837, p. 313
24 Villoro, Luis, El proceso ideológico de la revolución de Independencia. Segunda edición, 1ª reimpresión, México, Conaculta, 2002, p. 116
25 Declaración de Fray Servando Teresa de Mier, XVI Declaración, 16 de Noviembre de 1818 en Hernández y Dávalos, Op. Cit. t. VI, pp. 817-819
26 “Esta sociedad no era ni contra la religión ni contra el rey [...] los más eran militares y se fueron a pelear en los ejércitos de Su Majestad quedando extinta la sociedad a principios de septiembre de 1811.” (Ibid. pp. 819-820)
27 Ibid. p. 820
28 En este sentido se ha acostumbrado asociar a la masonería con otras sociedades secretas paramasónicas –algunas escindida de las propia masonería, revolucionarias, anticlericales– (liberales primero y socialistas después) como los carbonarios franco-italianos.
29 Ibid.
30 Rangel, Nicolás, “Masonería establecida en Cádiz” en Boletín del Archivo General de la Nación, 1ª serie, v. III, n. 3, México, AGN, 1932, pp. 381-389
31 Carta, oficio y notas que Don Carlos Alvear dirige desde Londres con fecha 28 de Octubre de 1811 a Don Rafael Mérida sobre ocurrencias de sus logias publicada por Publicada por Guzmán, José R. “Fray Servando Teresa de Mier y la Sociedad Lautaro” en Anales. Instituto Nacional de Antropología e Historia, época 7a., tomo I, 49 de la colección, 1967-1968, México, INAH, pp. 275-288
32 Guedea, Virginia, “Una nueva forma de organización política: la sociedad secreta de Jalapa, 1812", en Amaya Garritz (editora), Un hombre entre Europa y América. Homenaje a Juan Antonio Ortega y Medina, México, UNAM (IIH), 1993, p. 193 apud. Declaración de Ramón Cerdeña, Jalapa, 26 de Septiembre de 1812, y declaración de Vicente Vázquez Acuña, Perote, 16 de Junio de 1812, en Causa seguida al canónigo Ramón Cardeña, AGN, Infidencias, v. 74, cuad. 1, f. 99v-105, y cuad. 1, f. 99-99v.
33 Otros mexicanos en Caballeros Racionales # 3 (de Cádiz) eran Miguel Santa María, Vicente Acuña (quien funda la logia de Jalapa), Joaquín Lacarrera Ortiz y José Herrera, y en Caballeros Racionales # 7 (de Londres) el Marqués del Apartado. (según la carta de Alvear a Mérida) y Álvarez de Toledo, un cubano que participó en la insurgencia intentando invadir Texas en 1813 y que después de ser indultado se volvió informante del gobierno español.
34 Ocampo, Emilio, “Inglaterra, la masonería y la independencia de América” en Todo es Historia No 463, Febrero de 2006, Buenos Aires, s/p
35 Martínez Zaldua, Ramón, Historia de la masonería en Hispanoamérica, México, Costa Amic, 1978, p. 24
36 Guzmán, “Fray Servando Teresa de Mier y la Sociedad Lautaro”, Op. Cit. p. 277
37 Declaración de Fray Servando Teresa de Mier, XVI Declaración, 16 de Noviembre de 1818 en Hernández y Dávalos, Op. Cit. t. VI, pp. 817-819
38 Carta de Alvear a Mérida
39 Méndez Reyes, Salvador “La familia Fagoaga y la independencia” Ponencia presentada en el 49 Congreso Internacional del Americanistas, Quito Ecuador, 7-11 julio 1997, s/p apud. Mancini, Jules, Bolívar y la emancipación de las colonias españolas desde los orígenes hasta 1815, Medellín, Bedout, 1970, pp. 268-270 apud. Robertson, William Spence La vida de Miranda, trad. de Julio E. Payró, edición revisada y compulsada por Pedro Grases, Caracas, Banco Industrial de Venezuela, 1967, pp. 157-158.
40 Dic. Enc. de la Masonería p. 420 cit. Mitre, Bartolome, Historia de Belgrano, Buenos Aires, 1858
41 Jiménez Codinach, Guadalupe, La Gran Bretaña y la Independencia de México, 1808-1821, México, Fondo de Cultura Económica, 1991, p. 274
42 Precisamente será Gran Bretaña el primer Estado europeo en reconocer a los nuevos Estados americanos en 1825.
43 Gordon le advirtió a William Hamilton que las intenciones de Mina “eran hostiles para los intereses de la Gran Bretaña si logra desembarcar a salvo en la Nueva España.” (Londres, 28 de Mayo de 1816, PRO/FO/193, f. 183, cit. por Jiménez Codinach, La Gran Bretaña y la Independencia de México, Op. Cit. p.292) Mier dice que Mina partió de Inglaterra debido a que Lord Castlereagh insistía en reconciliarlo con Fernando VII. (Hernández y Dávalos, Op. Cit., t. 6, p. 918 cit. por Jiménez Codinach, La Gran Bretaña y la Independencia de México, Op. Cit. p. 292)
44 Pese a las quejas e informes del embajador español Núñez, Castlereagh se “lavó las manos” con la excusa de que el embajador no proporcionaba el nombre barco en que partiría Mina y que ya había sido cargado con el armamento para la expedición.
45 Jiménez Codinach, La Gran Bretaña y la Independencia de México, 1808-1821, Op. Cit. p. 299 cit. “Declaración recibida al traydor Mina”, 28 de Octubre de 1817, AGS, Estado 8 223.
46 Méndez Reyes, Op. Cit. s/p
47 Jiménez Codinach, La Gran Bretaña y la Independencia de México, Op. Cit. p. 281
48 Ibid., p. 292
49 En su correspondencia Mier sugiere que los americanos residentes en Londres, y él primero, planeaban una expedición a México. (Jiménez Codinach, La Gran Bretaña y la Independencia de México, Op. Cit. p. 272 apud. Carta de Mier a Antonio Sesma, Galveston, 14 de Diciembre de 1816, en Hernández y Dávalos, Op. Cit. V. VI, p. 910)
50 Jiménez Codinach, La Gran Bretaña y la Independencia de México, Op. Cit. p. 292 cit. Cuevas, Historia de la nación mexicana, México, 1949, p. 452
51 Alamán, Lucas, Historia de México, México, FCE, (edición facsimilar) v. IV, pp. 561-562 y 627-628 Para Villoro, la expedición de Mina es de suma importancia en la independencia de México pues además de revitalizar la insurgencia después de la captura y ejecución de Morelos contribuirá a la transformación de las ideas liberales con influencia del liberalismo gaditano. (Villoro, Op. Cit. p. 118)
52 Jiménez Codinach, Guadalupe, “Confederation Napoléonnie. El desempeño de los conspiradores militares y las sociedades secretas en la independencia de México” en Historia Mexicana, XXXVIII, 1, julio-septiembre de 1988, pp. 43-68
53 Jiménez Codinach, “Confederation Napoléonnie…”, Op. Cit. p. 61 apud. AGS, Estado 8292
54 Ibid. p. 61 apud. Parte del Vierrey de Apodaca sobre la situación en Provincias internas y proyectos de los extranjeros contra ellos, 1819, AGI, Estado 33 (34). J. P. Meredith, refiere en su correspondencia con el Duque de S. Carlos, que “Ningún voluntario se enrola para la conquista de México antes de haberse iniciado en los misterios de la masonería; los oficiales franceses, especialmente, son todos caballeros templarios de alto rango.” (J. P. Meredth al duque de S. Carlos”, Exeter, 19 de Julio de 1818 en AGS, Estado, 8297 cit. por Jiménez Codinach, “Confederation Napoléonnie…”, Op. Cit. p. 45) Podríamos calificar a estos grupos como unos de los tantos precursores de lo que en el siglo XX serán las brigadas internacionales. Waterloo reconcilió a los antibonapartistas insurgentes españoles con los bonapartistas; el objetivo era común: los absolutismos restaurados en el Congreso de Viena de 1814, específicamente el del español Fernando VII y el del francés Luis XVII.
55 Villoro, Op. Cit. p. 113, apud. Correo Americano del Sur nums. 29 y 24, en García, Genaro, Documentos Históricos Mexicanos, t. III, México, Museo Nacional, y Semanario Patriótico americano no. 4 y 25, Ilustrador Americano no. 36, el Correo Americano del Sur no. 27 en García, Op. Cit. t. III
56 Guedea, "Una nueva forma de organización política: la sociedad secreta de Jalapa, 1812", Op. Cit., p. 186. Los datos de esta sociedad fueron obtenidos de este articulo. Ver también Rangel, Nicolás, “Logia de los Caballeros Racional en Jalapa, fragmentos del canónigo Cerdeña” en Boletín del Archivo General de la Nación, 1ª serie, v. III, n. 3, México, 1932, AGN, pp. 390-407 y “Retractaciones de algunos de los miembros de la logia de Jalapa, fragmentos del canónigo Cerdeña” en Boletín del Archivo General de la Nación, 1ª serie, v. III, n. 3, México, AGN, 1932, pp. 408-440
57 Torre Villar, Los Guadalupes... Op. Cit. p. XXXI
58 Torre Villar, Ernesto de la, La independencia. México, SEP, p. 94
59 Guedea, Virginia, En busca de un gobierno alterno: Los Guadalupes de México, 1ª edición, México, UNAM (IIH), 1992
60 Documento 35 cit. por Torre Villar, Los Guadalupes... Op. Cit. p. LVIII
61 Guedea, En busca de un gobierno alterno... Op. Cit. pp. 340-341 Por su parte, Torre Villar sugiere que los liberales van a encontrar en la masonería el medio para conseguir la Independencia: “Con Mina [dice] los postulados de la masonería, sus métodos y formas de actuación penetran en México con mayor vigor, y ellos van a servir para que la sociedad de los Guadalupes, cuya actividad [...] había disminuido, se reinicie, pero a en otro sentido. Resultaban inútil mantener un núcleo aislado, expuesto al peligro sujeto a sus propias fuerzas, si se podía contar con una organización más vasta, poderosa e internacional.” De la Torre, Los Guadalupes... Op. Cit. p. LXXII
62 Dic. Enc. de la Masonería, Op. Cit. T. IV p. 416 cit. Enrique Gandía, “Prologo o Estudio preliminar” de las Memorias del General Iriarte. Textos fundamentales, V. 1 Buenos Aires, Compañía General Fabril, 1962.
63 Dominguez Michael, Christopher, Op. Cit. p. 381 cit. Carta de Mier a Blanco White
64 Mateos, Op. Cit. p. 12 y Mora, José María Luis, “Revista Política de las diversas administraciones que la República Mejicana ha tenido hasta 1837” en Obra Suelta de José María Luis Mora. T. I Revista política y crédito público. París, Librería de Rosa, 1837, p XII
65 Ibid. p. XII
66 Alamán, Op. Cit. v. V, pp. 58-59
67 Ibid. pp. 58-59 y Mora, “Revista política...” Op. Cit. XII-XIII
68 Abolida la Constitución, continua Mateos “los trabajos continuaron en el mismo sentido; pero con tal reserva y circunspección por temor del llamado Tribunal de la fe y vigilancia del gobierno virreinal. [...] El Virrey de Apodaca tuvo conocimiento de la existencia de la sociedad, y la toleraba porque él mismo era masón [...] y esto hizo que la influencia de la masonería se extendiera tanto [...] que ella pudo conseguir que en 1820, el mismo Virrey manda publicar en México la referida constitución española, restablecida ya en España.” Mateos, Op. Cit. p. 13
69 Mora, “Revista política...” Op. Cit. p. XII
70 Mateos, Op. Cit. p. 12
71 Hamnett, Brian R. Revolución y contrarrevolución en México y el Perú. Liberalismo, realeza y separatismo (1800-1824), México, Fondo de Cultura Económica, 1978, p. 373
72 Ibid. p. 373
73 Alamán, Op. Cit. v. V, p. 5-6
74 Alamán refiere que “La masonería había trabajado con el mayor empeño para no dejar que se malograse el movimiento de aquel ejército, y por efecto de las órdenes que hizo circular, se declaró la Coruña en 21 de Febrero, estableciendo una junta gubernativa.” (Ibid. v. V, p. 6, 8-9)
75 Alamán refiere que en las elecciones a Cortes dominaron aquellos que reunían requisitos como: “haber contribuido a ella [la revolución], haber sido perseguido liberal o estar alistado en la masonería. [...] Como [la masonería] era el resorte principal de la política de aquella época, los ministros creyeron necesario alistarse en ella, [...] los unos por conservar los empleos que tenían, los otros para obtenerlos por aquel mérito, y muchos por simple curiosidad y entrar en la moda.” (Ibid. v. V, pp. 22-23)
76 Incluso desde antes, pues Mora refiere que para 1919 ya había muchos masones en México. Mora, “Revista política...” Op. Cit. p. XII
77 Hamnett, Op. Cit. p. 375
78 Mateos, Op. Cit., p. 13 Por supuesto que el grupo comerciante se oponía a la independencia, pues su encumbramiento económico era consecuencia del comercio con España, es decir, de la dependencia, sin embargo, eran favorables al liberalismo constitucional, que en nada se oponía a sus intereses, sino por el contrario los beneficiaba.
79 Alamán, Op. Cit., p. v. V, p. 59
80 Ocupando rápidamente los vacios de autoridad que dejó la independencia. El rey fue sustituido por el caudillo, generalmente un militar, que se presentó primero como agente de la libertad y después de la seguridad
81 Ver Kahle, Günter, El ejercito y la formación del Estado en los comienzos de la independencia de México, María Martínez Peñaloza (traducción), México, FCE, 1997
82 Desde el 21 de Enero de 1821 los diputados suplentes escribieron al ministro de guerra solicitándole la remoción de los virreyes Pezuela, Apodaca, Morillo, Cruz, y los demás jefes que habían participado en la insurrección anticonstitucional de 1814. (Alamán, Op. CIt. v. V p. 33-34)
83 Mateos:14 y Mora, “Revista política...”¸ Op. Cit., p. XIII
84 Hamnett, Op. Cit. p. 377. Costeloe elabora una radiografía política de la primer república federal, a partir del estudio de sus actores políticos comprendidos por partidos y personajes. (ver Costeloe, Michael P. La primera república federal de México (1824-1835) Un estudio de los partidos políticos en el México Independiente, México, Fondo de Cultura Económica, 1996)
85 Sims, Harold D. La expulsión de los españoles de México (1821-1828), México, Fondo de Cultura Económica, 1984, p. 22
86 Según el anónimo Una historia. La York Grand Lodge of México las primeras logias yorkinas se establecieron en Veracruz en 1816 y en Campeche en 1817 con carta patente de la Gran Logia de Luisiana. Aunque no hay referencias documentes que lo demuestren, asimismo se especula que estas logias tuvieron una existencia corta. (http://www.yorkrite.com/yglmx/historySpanish.htm)
87 Zavala, Lorenzo de, Ensayo histórico de las revoluciones de México. Desde 1808 hasta 1830, Nueva York, Imprenta de Elliott y Palmer, 1832, v. I, p. 259
88 Mateos, Op. Cit., p. 15
89 Ibid., pp. 38-53
90 El primero en no mencionar a Fernando VII en sus proclamas sería Morelos y el Congreso; punto que molesto a Rayón, pero que termino por aceptar.
91 Mora, “Discurso sobre las sociedades secretas”, Op. Cit. p. 310
92 Ver Reyes Heroles, Jesús, México. Historia y Política, México, Tecnos, 1978
93 Ver Reyes Heroles, Jesús. El liberalismo mexicano. V. I Los orígenes. México, Fondo de Cultura Económica, 1982 En esta obra, Reyes Heroles expone la recepción de las ideas liberales.
94 Un excelente análisis sobre la situación, ideología y actuación de los distintos grupos que intervinieron en la Revolución de Independencia es el de Luis Villoro, El proceso ideológico de la Revolución de Independencia (ver bibliografía), que hemos consultado para comprender mejor las causas sociales y económicas de la Independencia.

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